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El día que Dios creó el amor inagotable de los abuelos

24 sep

Mi abuela Ruth y mi hemano Pedro. Mis papás y Nicolás.

 

Esta mañana intentando entender por qué el amor de los abuelos es tan especial, podía imaginarme en mi cabeza a Dios, haciendo a los humanos, y así como con colores, pintando en cada uno los sentimientos, en especial ese, el de los abuelos, que para mí es el amor, en su máxima expresión. Me imagino que pensó: Bueno, esta gente después de vivir tanto, que se despreocupe, que viva plenamente a los hijos de sus hijos, que alcahueteen todo lo que quieran, y que consientan hasta el límite; y colocó un sentimiento intenso, incondicional, amplio, extenso, que trasciende.

Actualmente, me he hecho seguidora en Facebook, de varios grupos que apoyan la maternidad, hay uno en especial, de hecho a su creadora la aprecio mucho, pero con sorpresa anoche leí algo que me desconcertó, una mamá que preguntaba lo siguiente:

(Palabras más, palabras menos): Ustedes qué opinan sobre los suegros y abuelos que quieren participar en la crianza de los nietos, y que se quejan con la familia porque no los dejan participar… Y las respuestas eran de éste tipo: Ellos ya criaron, ahora le toca a ustedes! Los papás educan y los abuelos malcrían! y obvio otras respuestas a favor de ésta participación.

Realmente me dió mucha tristeza porque me parecieron tan egoístas… Por mi parte, tuve abuelos como todo el mundo, el tema es que por el lado de mi mamá, no los conocí, mi abuelo murió cuando mi mamá era niña y mi abuela murió un año antes que yo naciera. Por el lado de mi papá, siempre estuvieron muy distantes, entonces nunca hubo una relación estrecha.

El día de hoy, extraño ese tipo de relación que tienen mis hijos con mis papás y mis suegros, pero ha pasado algo curioso, y es que mi mamá y mi tía se han encargado de mantener viva la imagen de mis abuelos entre nosotros… mi tía siempre que me vé me dice: Mija, usted tiene los mismos ojos de su abuela Ruca, o se sientan horas con mi mamá a contarme sus historias de niñas, y las proezas de mi abuelita y han perpetuado esa sazón payanesa, herencia de mi abuela. Es por eso, que es como si la hubiera conocido, la siento tan cercana que el sentimiento que tengo hacia ella es muy parecido al que siento por mi mamá.

Mis hermanos si la pasaron bien, ellos la conocieron y prácticamente fue quien los cuidaba mientras mi mamá trabajaba, o sea, su recuerdo es mucho más tangible que el mío.

Yo creo que cuando los abuelos se acercan a la crianza de un nieto, no lo hacen por malos, ni por “tirarse” el muchachito, por el contrario, la vida de un bebé en desarrollo es tan interesante que ese tipo de aventuras hacen que los abuelos se vuelvan a sentir vivos, importantes, necesarios y sobretodo: amados.

Hace un tiempo empezaron a transmitir por HBO un documental sobre una manada de elefantes (La Manada, por supuesto plan obligado con Nico), y contaba la historia de una familia de elefantes en su camino de migración cuando se acababa la comida y debían ir a beber agua y buscar comida para otro periodo largo de sequía, y algo que me impresionaba era que quien dirigía la manada en su largo trayecto era la hembra elefante más vieja, porque era quien recordaba desde niña, el camino hacia el oasis… Esto me hacía reafirmar que los abuelos saben más que todos nosotros los “PhD´s, Másters, especialistas, Harvards”, hay algo que se llama experiencia, y en eso ellos son versados.

Así que, mamás en formación, mamás ya formadas, mamás que estamos aprendiendo… agradezcamos esas 4 manos de más que se ofrecen para ayudarnos a cambiar un pañal, para sostener a un bebé que llora, para que nosotras tengamos un ratico y descansemos, para enseñarnos a ser pacientes y educar con amor, para darse el placer de ellas mismas darle la comida al bebé que riega y rechaza la cuchara… Mi mamá le cantaba a Nico y le bailaba mientras él comía, mi papá se los llevaba a su cama y se arrunchaba con ellos a ver televisión para que yo desayunara caliente…

Así que, si la mamá nos dice: mire, no le haga el masaje para la izquierda, sino para la derecha, acuéstelo así o asá, cántele tal o cual, hagamos caso, seguro funciona mejor de lo que pensábamos, si no funciona, por lo menos lo intentamos.

Abuela Ruca, espérame en el cielo, porque sé que tu me abrirás las puertas y me darás ese abrazo que he esperado mis últimos 33 años.

 

 

 

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